Necesitamos que terminen las carreras de Galgos

Necesitamos que terminen las carreras de Galgos

Opinión Karu Auka · Agosto 2026

Nosotras sí queremos que se terminen las carreras de galgos

Este martes 18 de agosto, el Congreso enfrenta una discusión que en Karu Auka llevamos años esperando: qué hacer con las carreras de perros en Chile.

Sobre la mesa existen proyectos que proponen caminos diferentes, desde prohibir y sancionar la organización de estas carreras hasta establecer un sistema de regulación y control. El proyecto que busca prohibirlas continúa actualmente en primer trámite constitucional.

Nuestra posición no es ambigua:

Queremos que las carreras de galgos se prohíban en Chile.

Nosotras conocemos a los galgos que sobreviven después de la carrera

En Karu Auka hemos trabajado cerca de fundaciones que rescatan galgos. Hemos visto llegar perros que necesitan tiempo para aprender algo tan básico como sentirse seguros cerca de una persona. Hemos conocido animales que reaccionan con miedo a determinados ruidos, que pasan noches enteras sin poder tranquilizarse y que necesitan rehabilitación física y conductual antes de estar listos para una vida normal.

Y también hemos visto algo que nos parece imposible ignorar: fundaciones que semana tras semana tienen que despedir a galgos que murieron demasiado jóvenes.

No conocemos las carreras de galgos desde la pista. Las conocemos desde después.

Para nosotras, por eso, esta discusión no es abstracta. Lo que hemos visto después es suficiente para tener una posición.

No creemos que esto sea una tradición. No creemos que sea un deporte.

Las carreras de galgos son una actividad competitiva en la que el rendimiento físico del animal es el centro de la actividad. Los perros son criados, entrenados y seleccionados para correr; cuando su rendimiento disminuye, cambia también su valor dentro del sistema.

El propio proyecto de ley que busca prohibir las carreras describe una actividad que en Chile se desarrolla muchas veces de manera clandestina y señala la ausencia de registros oficiales completos de los canódromos que operan en el país.

Para nosotras, llamar a esto “deporte” no resuelve el problema.

Porque cuando hablamos de bienestar animal tenemos que mirar la vida completa del animal, no solo los minutos en que corre.

  • ¿Dónde vive?
  • ¿Cómo fue criado?
  • ¿Cómo fue entrenado?
  • ¿Cuánto tiempo permanece en competencia?
  • ¿Qué pasa cuando se lesiona?
  • ¿Qué ocurre cuando deja de rendir?
  • ¿Quién se hace responsable de él entonces?

Estas preguntas importan tanto como las condiciones de la pista.

Las lesiones no son una excepción anecdótica

Puede existir una discusión legítima sobre qué medidas de seguridad podrían reducir los riesgos. Pero antes de decidir que la respuesta es regular la actividad, necesitamos mirar lo que ocurre cuando los perros corren.

En Nueva Zelanda, investigadores analizaron 213.630 largadas y registraron 4.100 lesiones entre 2014 y 2019. La incidencia fue de 19,2 lesiones por cada 1.000 largadas y se registraron 1,3 muertes en pista por cada 1.000 largadas.

No estamos hablando solamente de una posibilidad hipotética de daño. Estamos hablando de un riesgo que aparece de forma medible dentro de la actividad.

En Australia, otra investigación analizó registros oficiales de carreras y encontró que los sistemas disponibles tampoco permiten seguir adecuadamente la trayectoria de los perros durante toda su vida. Los investigadores señalaron que el seguimiento de los animales después de su etapa competitiva es insuficiente y recomendaron un sistema estandarizado de seguimiento individual, desde el inicio de la vida del perro hasta después de su retiro.

Un perro puede desaparecer de las estadísticas sin desaparecer del mundo.

Puede retirarse,  ser entregado, enfermar, morir.

Si dejamos de seguir su historia cuando deja de correr, también dejamos de registrar una parte importante del costo de la actividad.

Y hay una parte de esta historia que Chile ya conoce

En los antecedentes entregados al Congreso durante la discusión legislativa se han descrito prácticas de descarte de galgos cuando dejan de ser considerados “productivos”, incluyendo abandono en zonas rurales y casos de muerte deliberada, entre ellos animales ahorcados en árboles.

No hablamos de una historia inventada para generar indignación.

Existen también casos documentados en Chile de galgos encontrados muertos en estas circunstancias y antecedentes públicos de organizaciones que han recibido animales abandonados o gravemente deteriorados luego de su paso por circuitos de carreras.

Y aquí queremos detenernos.

Porque es muy fácil convertir un caso como este en una publicación de redes, indignarnos durante dos días y seguir adelante.

Nosotras no queremos hacer eso.

Queremos preguntarnos por qué estos casos siguen siendo posibles.

Regular no responde todas las preguntas

Quienes defienden la regulación pueden plantear una pregunta legítima: si una actividad ya existe, ¿no es mejor establecer normas para reducir sus riesgos?

Nosotras creemos que no es suficiente.

Un reglamento puede establecer condiciones para una pista. Puede exigir controles veterinarios. Puede fijar requisitos para entrenadores. Puede establecer sanciones.

Pero ninguna de esas medidas responde por sí sola qué ocurre con el animal cuando deja de ser competitivo.

Tampoco elimina el hecho de que el incentivo central de la actividad sigue siendo el rendimiento físico del perro.

El Colegio Médico Veterinario de Chile ha cuestionado las carreras de galgos y ha advertido sobre lesiones, dolor, estrés, fatiga y otras consecuencias para los animales, además de señalar problemas de fiscalización del marco actual.

No creemos que el objetivo deba ser encontrar la manera menos mala de mantener las carreras.

Creemos que debemos preguntarnos si necesitamos mantenerlas.

No necesitamos que todos los galgos tengan la misma historia para decir que esto está mal

Sabemos que esta discusión puede convertirse rápidamente en una colección de excepciones.

“Hay personas que los cuidan muy bien.”

“Hay galgos que terminan siendo adoptados.”

“Hay carreras donde hay veterinarios.”

Puede ser.

Pero la existencia de buenas excepciones no responde a la pregunta que tenemos delante.

Las políticas públicas no deberían diseñarse pensando únicamente en el mejor escenario posible. También deben considerar los riesgos estructurales de la actividad, la capacidad real de fiscalización y qué ocurre con los animales cuando termina su utilidad económica.

El bienestar de un perro no puede depender de que siga siendo rentable.

Los galgos que ya están ahí también importan

Si Chile decide prohibir las carreras de perros, la responsabilidad no termina con cerrar las pistas.

Hay perros que ya están dentro del circuito, que necesitarán atención veterinaria, rehabilitación y hogares.

Hay fundaciones que llevan años haciéndose cargo de una parte de este problema con recursos limitados.

Por eso, prohibir las carreras debería ir acompañado de políticas de transición y protección para los animales que ya existen: identificación, trazabilidad, fiscalización, rehabilitación y apoyo a las organizaciones que trabajan en rescate y adopción.

No basta con decir que una actividad terminó.

Tenemos que hacernos cargo de los animales que deja atrás.

Esta es nuestra posición

En Karu Auka creemos que los galgos merecen una vida que no dependa de su velocidad.

No creemos que las carreras de galgos sean una tradición que debamos preservar. No creemos que sean un deporte cuyo riesgo pueda resolverse simplemente haciendo un reglamento más estricto.

Creemos que son una actividad basada en la explotación del rendimiento físico de un animal y que, frente a los riesgos de lesiones documentados, los problemas de seguimiento y los antecedentes de abandono y descarte, la respuesta que queremos para Chile es la prohibición.

Y decimos esto desde un lugar muy concreto.

Nosotras hemos conocido a los galgos cuando la carrera ya terminó.

Hemos visto los que pudieron ser rescatados.

Hemos visto los que necesitaron ayuda para volver a confiar.

Y hemos despedido a los que no alcanzaron a tener esa segunda oportunidad.

No queremos que el futuro de un perro dependa de cuánto tiempo siga siendo útil para correr.

Queremos que llegue un momento en que ningún galgo en Chile tenga que demostrar su valor en una pista para merecer una vida digna.

Fuentes consultadas

Cámara de Diputadas y Diputados de Chile; Colegio Médico Veterinario de Chile; estudios científicos sobre lesiones y seguimiento de galgos de carreras en Nueva Zelanda y Australia.

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